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VI

Archivado en General • Fecha: 19-01-2005 15:33:56

Ambos hombres se debatían, el obispo excusando los maltratos que recibió ella todo ese tiempo alegando resultados positivos y dominio casi total de la maldad que lleva sembrada en la sangre y Pedro negando que haya sido eso lo que ha surtido efecto sino que Andrea, en realidad, no se comportaba como un vampiro.

En la sala, en un incómodo silencio se encontraban el Obispo, Monseñor, Andrea y Pedro.

Monseñor Antonio no se sentía del todo bien cerca de la joven y menos habiéndose reducido el grupo de esa manera, así que inventó una vaga excusa, algo así como que tenía que ir a escribir una carta y los dejó solos.

Al cerrarse la puerta los tres se miraron las caras. Andrea esperaba muchas explicaciones o al menos respuestas, a sus interrogantes, el joven sacristán también estaba ansioso por escuchar lo que tenía que decir el obispo y este, a su vez, no quería decir absolutamente nada. Solo hasta que se desesperó por la presión silente en la que lo tenían, decidió hablar.

-Sé que no entiendes. Sé que ninguno entiende, pero yo no inventé los métodos que tuve que aplicar, simplemente seguí los procedimientos que en Rumania ante un caso similar hicieron un grupo de cristianos. La idea de ellos era que mediante los castigos con símbolos religiosos el ser, que estaba en tus mismas condiciones, fuera fiel a esa congregación y los protegiese de sus similares y por supuesto de los vampiros.
-¿Fidelidad?. Creo señor Obispo que era miedo lo que querían infundirle en todo caso pero díganos, ¿funcionó?. Preguntó Pedro mientras Andrea esperaba con todo su corazón que así fuera.
-No. En realidad no, pienso que no fueron los suficientemente severos y a la final la best... el joven infectado... se reveló, atacándoles y huyendo.
-Usted sabe bien que desde un principio he estado en contra de este trato inmisericorde con Andrea, sin embargo, creí que sabía lo que hacía, que era posible sino volverla a su estado natural por lo menos que no perdiera su bondad humana y se convirtiera en otro de esos demonios nocturnos ¿y ahora como si nada nos dice que siguió un tratamiento que fue fallido?. ¡Santo Cristo!.
-Pedro, hijo, mírala, ¿crees que si no hubiera dado resultado lo que hacemos ella podría estar sentada tranquilamente en nuestra mesa escuchándonos sin ser víctima del llamado de la oscuridad?.
-No quiero contradecirlo, pero ella jamás ha mostrado ser agresiva, ni siquiera de noche.
-Exacto, por que hemos aplicado el tratamiento prontamente.

Ambos hombres se debatían, el obispo excusando los maltratos que recibió ella todo ese tiempo alegando resultados positivos y dominio casi total de la maldad que lleva sembrada en la sangre y Pedro negando que haya sido eso lo que ha surtido efecto sino que Andrea, en realidad, no se comportaba como un vampiro.

La joven caminó hasta la ventana mientras escuchaba a esos decidiendo o no el modo en que debían tratarla, cuando, de repente, se fue fijando en las colinas, lejanas, oscuras como si el sol temiera posarse sobre ellas y las voces presentes allí se iban haciendo lejanas en su mente, entonces, sintió un escalofrío subirle por la espalda, un sonido pobre, como un susurro se iba repitiendo, hipnotizante. Colocó su oído en el cristal y al entender lo que decía un grito de horror salió de su garganta al mismo tiempo que sus manos rompían en pedazos la ventana.

Pedro intentó detenerla para que no se lastimara pero era imposible, un hombre, dos, tres, ni siquiera siete habrían podido contener tan brutal fuerza. Ella seguía golpeando, ahora las paredes, los muebles, muchos cedieron ante el impacto.

-Cállate, ¡cállate!. Gritaba una y otra vez llorando, estaba realmente enloquecida cuando sintió algo quemándole la espalda y cayó al suelo desmayada del dolor.

El obispo había actuado usando la cruz de su rosario. Pedro estaba definitivamente asombrado. Varios sirvientes y sacerdotes entraron al lugar. Por orden del Obispo se llevaron entre varios a la chica nuevamente al calabozo.

Habían corrido con enorme suerte de que no los atacara directamente o habría sido fatal.

Escrito por CG Von Gescal
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