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IV

Archivado en General • Fecha: 11-01-2005 15:19:10

Luego del baño, le vistieron. No era un vestido fino, ni trabajado, pero la tela era suave y de un color parecido al de los duraznos que algunas veces vio en el mercado. Era un vestido de campesina, era un vestido como ella antes de que pasara lo que pasó. Mientras se observaba en el espejo, recordaba los tiempos aquellos en que tenía que encargarse del establo de su tía, de acomodar la casa, ayudar en las labores del campo y hornear pan. Las lágrimas brotaron solas. Su Tía, el único familiar que le quedaba estaba muerta. Ella se había convertido en un monstruo por no hacerle caso, por olvidar ponerse el crucifijo antes de salir a ver que sucedía aquella noche en el establo.

Las sirvientas, traídas de pueblos lejanos, no sabían la realidad de Andrea, quizás por ello, en lugar de miedo, sintieron pena al verla entrar por la cocina.

-Deben ayudar a esta chica a bañarse. Denle ropa que ponerse. Trátenla como a una dama pero si en algún momento, se tornara agresiva o con una actitud extraña, deben llamarme enseguida. Yo estaré tras la puerta.
-Si señoj-. Respondió una de las sirvientas con todo afrancesado. Entre ambas llevaron a Andrea al segundo piso donde estaba la sala de baño. Pedro les siguió hasta la puerta, donde se detuvo.
-Venga chica, entraj en la tina.

Andrea poco a poco se fue introduciendo, el agua estaba tibia gracias a unas rocas volcánicas que tenía abajo la tina en un compartimiento junto a carbón. Qué sensación tan agradable tenía. Si no fuera por el horror que había acabado de conocer sobre su familia y sobre ella misma, seguramente se habría sentido una reina con los cuidados que las sirvientas del convento le estaban dando.

Luego del baño, le vistieron. No era un vestido fino, ni trabajado, pero la tela era suave y de un color parecido al de los duraznos que algunas veces vio en el mercado. Era un vestido de campesina, era un vestido como ella antes de que pasara lo que pasó. Mientras se observaba en el espejo, recordaba los tiempos aquellos en que tenía que encargarse del establo de su tía, de acomodar la casa, ayudar en las labores del campo y hornear pan. Las lágrimas brotaron solas. Su Tía, el único familiar que le quedaba estaba muerta. Ella se había convertido en un monstruo por no hacerle caso, por olvidar ponerse el crucifijo antes de salir a ver que sucedía aquella noche en el establo.

Sus pensamientos y su llanto fueron interrumpidos cuando las mozas hicieron a Pedro pasar para que viera como había quedado.

-Te ves... eres muy hermosa. Balbuceó Pedro.
-Soy... una bestia. Afirmó Andrea con el nudo que se le había formado en la garganta.

El sacristán no respondió. Podría decir que no lo era, pero en todo caso, ni él sabía en realidad en lo que ella se había convertido y prefirió mantener silencio. Ambos, salieron y bajaron las escaleras. Pedro la llevó por un largo pasillo. Al fondo, había un enorme cuadro representativo de Jesús en la Cruz. Aquella imagen de aquel hombre, lleno de llagas, crucificado y traspasado por una lanza le recordaba a Andrea su propio sufrimiento y como hipnotizada de compasión y amor alzó su mano por tocarle.

-No. -Dijo Pedro deteniéndole la mano-. Podrías lastimarte.

Abrió una puerta a su izquierda y juntos cruzaron el umbral.

Escrito por CG Von Gescal
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